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Terrores nocturnos

Algunas veces los terrores nocturnos no son sólo cosa de niños…

Es un niño pequeño, en los principios del habla, un niño como otro cualquiera, curioso, inocente, a veces atrevido. Un niño que, de pronto, se vuelve reservado y asustadizo. La gente nota el cambio, sobre todo sus padres, pero nadie conoce la razón, sólo él. Su madre lo ha visto gritar estando solo, le ha preguntado, pero la única respuesta que ha obtenido es algo relacionado con una sombra, “la mancha”, como la llama su hijo, y poco más logra obtener de alguien que, con apenas unos años vividos y los pocos conocimientos del lenguaje que ha podido interiorizar, no consigue explicarse bien.

Es normal que si un crio ve una figura encorvada, oscura, retorcida sobre sí misma, una silueta que se pasea por la casa como flotando, sienta miedo. Más cuando se mueve entre sus familiares y se acerca a él para colocarse a su lado, para mirarle con dos ojos que son dos trozos de nada. Puede tomarse por un terror común, y los niños a veces sufren de terrores nocturnos, algo que los adultos suelen dejar pasar, cosas de chiquillos.

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Escrito por Dr. Perring

Para enfermos de aburrimiento alérgicos a la pasta de celulosa, para exiliados de bibliotecas con tiempo pero sin estantes, para marineros de la red con tendencia a hacer parada y fonda en tabernas de relatos, para viajeros de sillón y amantes de la aventura estática, para todos ellos y para ti mismo se abre esta consulta literaria, la del doctor Perring, enhebrador de palabras, zurcidor de conceptos y trazador de historias.

Tratamiento único y definitivo: tú pones los segundos, el que suscribe pone las letras...

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